Cierro los ojos, escribo “enero” y lo veo todo blanco, con nieve y chupiteles. He debido de pasar frío de niña. Me recuerdo temblando en el pupitre, temblando en el polideportivo, temblando en el recreo. Seguro que tengo un trauma. Me pregunto, como Holden Caulfield, dónde irán los patos de Central Park cuando se congela todo, y es el mismo miedo, adolescente, al cambio de estación, a la vida que no se detiene, a la necesidad de buscar refugio para sobrevivir. Pero, felizmente, veo que no soy la única. Paso las páginas de este ¡HOLA! living donde muchas “criaturas que hibernan”, como yo, nos abren las puertas de sus rincones, cálidos, hogareños, acogedores, y así aprendo a combatir esta sensación, que es más mental que física, e incluso a disfrutarla.…