Esta es la mía. Me pongo a escribir sobre libros y se me van los dedos. Parece que estoy tocando el piano, en vez de aporrear el teclado de mi ordenador. Me chiflan los libros. En mi casa están por todas partes. Abres el armario de la entrada para colgar el abrigo, y resulta que lo he convertido en una pequeña biblioteca escondida. Los hay encima de todas las mesas, inundando las mesillas de noche; apilados al borde de la bañera, en cajones, estanterías, en el alféizar de las ventanas… donde menos te lo esperas, te salta un libro.
Tengo la indiscreta costumbre de cotillear las librerías de las casas a las que me invitan. No sé si es mala educación o es lo mismo que contemplar los cuadros, las…