Querido abril, qué bien hueles a primavera y a renacer después del frío. A tierra floreciendo, a alboroto, a azahar, a feria y procesiones. A la gente en la calle que se va despojando de capas de cebolla adquiridas en el invierno para, por fin, enseñar el corazón y la piel al aire. Adiós abrigos, hola sol de entretiempo, lluvia, flores y paraguas. Atrás dejan África las aves migratorias -volverán las oscuras golondrinas-, y al frente la intuición de que algo templado está por venir -el verano-. Alegría y astenia, peculiar noviazgo. Y recuerdo cada año cómo el maestro Sabina te guardaba, junto al corazón, y aun así te robaron.
Querido abril, hoy ha venido a verme, recién llegada de un viaje por Asia, mi amiga María con los ojos…
