Todo el mundo ha visto osos en Somiedo. Juan, el de la hidroeléctrica, los ha fotografiado con el móvil. Herminio, el de Casa Miño, está cansado de verlos desde la terraza de su restaurante, y Mario, que antes de trabajar aquí de camarero fue guía de la principal empresa ecoturística dedicada a avistarlos, llegó a ver once en un solo día. Por eso, cuando llevamos plantados casi dos horas en el mirador de La Peral, contemplando rebecos, corzos, ciervos, jabalíes, zorros, gatos monteses y humanos con el ojo pegado a un telescopio, nos sentimos alegres pero algo contrariados, porque por el arca asturiana de Noé no han desfilado esta mañana los plantígrados.
Gracias a Dios, que maneja todas las barcas, en el último momento aparece un osezno, y luego otro,…