Desde muy antiguo, las aguas del Mediterráneo se vieron surcadas por barcos de muy diversas clases. A lo largo de la Edad Media, comerciantes venecianos, valencianos, genoveses, catalanes, marselleses o mallorquines navegaban desde sus puertos de origen hasta el extremo oriental de dicho mar. Cruzaban, incluso, el Bósforo, controlado por un cada vez más débil Imperio bizantino, para llegar hasta los puertos del mar Negro.
La existencia de ese comercio, que ofrecía la posibilidad de un rico botín, fue siempre un señuelo para piratas y corsarios. No era un fenómeno nuevo. En la Antigüedad, los piratas habían sido muy activos, y Roma tuvo que dedicar grandes esfuerzos, como en los tiempos de Pompeyo, a acabar con ese fenómeno, que, de hecho, nunca despareció por completo. Los piratas, además de la…