Para conseguir carne de cañón que engrosara las filas cruzadas, el papa Inocencio III recurrió a sus predicadores y sacerdotes repartidos por Europa. En aquellos tiempos, una de las formas de conseguir movilizar a la ciudadanía era recurrir a la épica de las historias bíblicas.
Así, gentes como Jacobo de Vitry –mecenas y predicador, que acabaría siendo obispo de Acre y cardenal–, antes de la cuarta cruzada, hacia 1192, hicieron famosa una pregunta retórica que se repetiría años más tarde para movilizar a los cristianos: “¿Dónde está la espada de doble filo de Ehud?”.
Hoy este nombre no nos suena, pero en la Edad Media era más conocido. Ehud fue un héroe israelita que, estando los judíos sometidos a Eglón, rey de Moab, acudió a su encuentro ocultando una espada,…
