Como si leyéramos las páginas de cualquiera de los principales diarios del mundo, conflictos de frontera, discriminación y miedo al extranjero, intolerancia religiosa, xenofobia, etc., conformaron el mosaico vital donde transcurrió la peripecia de Alarico el Godo (370-410).
Estigmatizados y relegados a los márgenes de la sociedad romana, al norte de la frontera natural que marcaba el Danubio, la imagen que nos ha llegado de los godos, a partir, fundamentalmente, de Edward Gibbon o Rodolfo Lanciani, es la de un pueblo violento y bárbaro que destruyó la civilización. En base a fuentes contemporáneas y medievales tempranas, Douglas Boin, historiador de la Universidad de St. Louis (Misuri), aporta un notable cambio de perspectiva. Su relato, enérgico y vibrante, revela que, en realidad, los pueblos germánicos pretendían integrarse en el Imperio, no…
