Bailaoras, cantaoras, guitarristas, a menudo gitanas y casi siempre flamencas: así son las figuras femeninas que suele evocar al instante el nombre de Julio Romero de Torres. Esas bellezas cordobesas, de grandes ojos negros, que nos miran desde el marco de sus cuadros, ¿son realmente adornos folclóricos, meros homenajes a la España de clavel y pandereta?
Para empezar, solo unas pocas eran de Córdoba. Para Romero de Torres posaron mujeres de su ciudad natal, sí, pero también catalanas, madrileñas, argentinas o mexicanas, además de andaluzas de otras provincias. Las hubo casi anónimas, como María Teresa López, que hizo de modelo para La chiquita piconera por tres pesetas la sesión y jamás pudo librarse de las habladurías, pese a que ella tenía apenas catorce años y el pintor peinaba canas. Las…
