En el pasaje 18 del Génesis, Abraham agasaja con extraordinaria hospitalidad a tres viajeros que resultan ser, en realidad, tres ángeles. En recompensa por sus atenciones, le anuncian el milagro del nacimiento de Isaac, su único hijo legítimo, un acontecimiento que, al principio, provoca la risa incrédula de la esposa de Abraham, Sara: “¿Tendré placer después de haber envejecido, siendo también viejo mi esposo?”.
Giambattista Tiepolo (Venecia, 1696-Madrid, 1770) pintó varias versiones de esta escena. En ninguna aparece Sara, pero en la última, que pertenece a las colecciones del Museo del Prado, el placer es el indiscutible protagonista. La arrogan- te belleza del ángel del centro dista mucho de ser sobrenatural. Esos brazos adolescentes, de músculos esbeltos y alargados, esa cara sonrosada pero no infantil, esa ingle que asoma, insinuante,…