Hermann Göring lo admitió durante el juicio de Núremberg: “En una guerra, todo el mundo saquea un poco”. En su caso particular, “un poco” equivalía a más de cuatro mil obras de arte, según un inventario publicado por el Deutsches Historisches Museum. Casi todas, de autores de primera categoría: Cranach, Brueghel, Caravaggio, Durero, Rubens, Velázquez, Boucher, Renoir… En 1943, este alijo fue a parar, junto a otros miles de tesoros robados por los nazis, a la mina de sal de Altaussee, un recóndito pueblecito de los Alpes austríacos. De allí los rescataron, dos años después, los Monuments Men, una unidad militar aliada compuesta por historiadores del arte y conservadores, entre otros expertos. Era hora de devolver las piezas a sus legítimos dueños y de identificar a los cómplices del expolio.…
