Compositores, cantantes, instrumentistas, escritores, pintores, modistos, bailarines, técnicos de efectos especiales... El elenco necesario para poner en marcha una ópera es interminable. Hasta la invención del cine no existió una disciplina artística tan completa. Y, a diferencia de una proyección, cada representación de una ópera en vivo es irrepetible. Prueba del grado de sofisticación vocal que exige una partitura operística es la sobreespecialización de sus intérpretes: el repertorio de una soprano lírica no es el mismo que el de una soprano dramática o de coloratura.
Durante más de cuatro siglos, la ópera ha conseguido conmover a públicos de costumbres diversas, en distintos contextos políticos, traspasando las barreras del tiempo y del idioma. En parte, porque los temas que aborda son universales: amor, odio, poder, traición, venganza, pérdida, nostalgia. Pero, sobre…
