Julio César murió tras recibir veintitrés puñaladas, si bien, según la autopsia –la primera documentada de la historia–, una sola de ellas fue mortal de necesidad, pues le seccionó la ar-teria aorta. Lo que no está tan documentado es que tuviera, en tan mal momento, la lucidez de pronunciar la frase que se le atribuye: “¿Tú también, hijo?”, dirigida a su sobrino Brutus. Plutarco afirmó que no dijo nada, sino que se tapó la cara con su toga para no verle. Dos mil sesenta y ocho años más tarde, son ya pocos los que se tapan los ojos ante una amenaza tan brutal como el cambio climático. Negar o ignorar el cambio climático puede dar réditos electorales, notoriedad pública, amistades interesadas, likes y una cierta comodidad, así como beneficios en…