Mucho se ha escrito sobre las bondades del design thinking (DT), metodología para la innovación basada en la forma en que los diseñadores piensan y actúan, a la que algunos le ven potencial para ser a la innovación lo que el total quality management fue para el manufacturing1. Aunque solo el tiempo dirá si esto acaba realmente siendo así, es innegable que, de entre los distintos esquemas para la innovación surgidos en las últimas décadas, el DT es uno de los que, efectivamente, llegó para quedarse.
Al ser una metodología “omnipresentemente accesible” (son innumerables los artículos, libros, videotutoriales, cursos, conferencias, etc., que tratan sobre el tema) y “fácilmente” aplicable (se ha tendido a comercializar a modo de “siga estos pasos y consiga innovar con éxito”, siendo el Institute of Design,…
