Actualmente, la sociedad divide a las personas en dos grupos distintos: las neurotípicas y las neurodivergentes. Se define como neurotípicas a las personas sin ninguna alteración en el neurodesarrollo, a las que representan la “normalidad”. Las neurodivergentes son definidas como personas que presentan diferencias en el neurodesarrollo, como pueden ser trastorno del espectro autista, Asperger, TDAH, dislexia, dispraxia, discalculia…, y representan lo “diverso”.
Según la organización ADHD Aware, se estima que, actualmente, más del 30% de la población es neurodivergente. Si extrapolamos estos datos a la empresa, más del 30% de los empleados probablemente también lo sea. Ya solo por esta razón, por su incidencia, la neurodiversidad representa una fuente de talento accesible y prácticamente inagotable para cualquier compañía, institución u organización gubernamental. Una gran oportunidad. Pero, tal y como…