Exclusividad, estatus, suntuosidad, calidad, confort… El lujo siempre ha ido asociado a todo aquello que aporta placer y satisfacción y que va más allá de lo que es necesario para la vida diaria de una persona, como productos de alta gama, obras de arte, experiencias únicas, propiedades inmobiliarias espectaculares o servicios sofisticados. Pero la concepción del lujo ha ido evolucionando, adaptándose a las nuevas tendencias y valores de la sociedad, y ha dado forma a un tipo de lujo en el que tiene cabida no solo lo exclusivo, inalcanzable o costoso, sino también todo aquello que combina singularidad, propósito, emoción y compromiso. De ello hablamos en el dossier de este mes, donde realizamos un recorrido por el sector, revisando su inicios, la transformación vivida en los últimos años y los…