Racismo, misoginia, clasismo, xenofobia… Cuando estos problemas crónicos afectan a las organizaciones, el origen es una constelación de fuerzas, no una única actitud, acto o norma anticuada. Como resultado de esa complejidad, puede resultar difícil encontrar soluciones, y a menudo vemos intransigencia incluso en lugares explícitamente comprometidos con el cambio.
Es el caso, por ejemplo, de nuestra institución de origen, la Universidad de Columbia, que invirtió más de doscientos millones de dólares durante dos décadas para mejorar la diversidad y la inclusión entre su profesorado. Teniendo en cuenta ese nivel de compromiso y los valores progresistas de la institución, la Administración se quedó bastante sorprendida cuando un autoestudio reveló un ritmo de cambio lento y un entorno en el que “las mujeres y los profesores pertenecientes a minorías… afrontan numerosas…
