Hace exactamente cuatro años y medio, Salma Hayek apareció en la portada de esta revista. Lo recuerdo especialmente, no sólo por las fotografías, la cándida entrevista que nos otorgó o porque todo lo que hace
Salma tiende a ser memorable, sino –egoístamente– porque fue mi primera portada trabajando para Bazaar. De revisitar aquella edición tras colaborar con ella nuevamente este mes, aprendí varias cosas. Primero, Salma Hayek es inmune al paso del tiempo.
Dos, su sentido del humor permanece intacto: “Lo peor que puedes ser en Hollywood es una mujer mayor de 40.
Además de eso, tengo acento, soy disléxica, chaparrita y gordita. Debo ser la mujer más afortunada del mundo por seguir trabajando”, decía en esa ocasión. Y tres, que la capacidad de reírte de ti misma, estar dispuesta…
