SI DE PASIONES hablamos, no hay color: todas están bañadas en rojo. El más fogoso de los colores primarios, el tercer pie de la (también primaria) obsesión cromática de Piet Mondrian tiñe el romance, la pasión, el amor, el arrebato, el desenfreno y la lujuria, pero también pulsiones menos elevadas como la violencia, la ira, la agresión o la crueldad, como una lengua de fuego que arrasara todo a su paso. Enérgico, seductor y feroz, es el color del peligro, de los pactos de sangre y de la sangre misma, así como de las amapolas, del coral y de los rubíes, entre otras dádivas de la naturaleza. Es quizá en esta dualidad irreconciliable, en este antagonismo culpable, donde reside su hechizo, igual que las rosas tienen espinas y que cualquier…
