TODO CULPA suya, lo sabemos desde hace tiempo. El manuscrito tenía un título excelente, La alternativa nómada, y también una idea básica muy buena: mostrar cómo la vida racional, productiva y, por tanto, irremediablemente sedentaria que prevalece en Occidente no es la única posible. Hay otras, y para entender cuáles, sólo hay que fijarse, por ejemplo, en las culturas aborígenes. Hasta aquí todo bien, pero los problemas empezaron a las pocas páginas, cuando hasta el lector más voluntarioso acabó perdiéndose en el laberinto de notas de viaje, fragmentos narrativos y (sobre todo) tortuosas reflexiones con las que el autor había decidido organizar el tema desde el principio. En el fondo, no quedaba claro qué era o habría sido el libro y, en estos casos, la respuesta de los editores está…
