TODOS LOS AÑOS, EN EL COTILLÓN QUE ACABA DE PASAR, las gentes exclaman “esta vez sí que sí”, en la esperanza de que todo cambie, a mejor, claro, y de que, con algo de suerte, no se les atraganten las uvas y el champagne no les dé acidez. Es como si, el 1 de enero, matemáticamente la vida pudiera dar un vuelco global. Una cábala tuviera el poder de alterarlo todo, de arriba abajo, para todo el mundo. Pero solo H. G. Wells tenía la capacidad de imaginar una cosa así o, lo más probable, solo George Orwell podía vaticinar un desastre total con el año nuevo. Dios me libre de ponerme orwelliano, pero es más razonable considerar lo segundo que lo primero.
Seamos realistas. Hay cosas que no se…
