«Todo empezó de la manera más orgánica posible», confiesa Keira Knightley (Londres, 1985), recordando a su hija mayor, que con cinco años aún no lograba dormir del tirón. Para calmarla, inventaron juntas un ritual: cada tarde, antes de acostarse, la niña le pedía que le dibujara algo. «Cuando se despertaba a mitad de la noche y encontraba el dibujo en su mesilla, sabía que yo había estado pensando en ella», explica con ternura. Tras meses de rutinas ilustradas, su hija por fin dormía tranquila, y Keira se encontró con una colección de bocetos guardados en un cajón. «Me pregunté si entre ellos había una historia... y, poco a poco, colgándolos en la pared, jugando con ellos, apareció un relato». Así surgió Te quiero igual que siempre (Lunwerg, que se publica…