Ocurría siempre en el momento más inesperado. El profesor había repartido los exámenes y, agotado el tiempo previsto, empezaba a pedirlos de vuelta a gritos mediante ese temido «¡entregamos!». A partir de entonces las cartas estaban dadas. Si eso, los más atrevidos, en caso de que fuera tipo test, rellenaban corriendo y a voleo las últimas preguntas deseando que la suerte –la iban a necesitar– les acompañara. Pero, salvo contadas ocasiones, cuando llegaba la señal de devolución de los exámenes, casi nada podía arreglarse ya. «¡Entregamos!» significaba algo parecido a «lo importante tienes que haberlo hecho ya».
Hace unos meses, contaba el humorista y actor Manu Sánchez, en el programa de radio Hora 25, que, justo después de que le diagnosticaran un cáncer, sintió frío. Un frío helador. Él daba…