Voy a empezar diciendo que, en el libro Los últimos días de Roger Federer y otros finales, el escritor Geoff Dyer rescata una anécdota reveladora. Dice así: «Durante una discusión en una mesa redonda, una vez le pregunté a John Berger por su longevidad creativa, cómo se las había arreglado para escribir tantos libros durante un periodo de tiempo tan largo. Fue, dijo, porque creía que cada libro sería el último». La subrayé, la pensé. Después, la trasladé al primer párrafo de esta columna en la que querría simplemente decir esto: no se me ocurre mejor manera de vivir o de escribir que agarrados a ese ímpetu, a esa tendencia que asegura que, con buen o mal resultado, lo haremos lo mejor que sabemos. Lo dice también la canción, bésame,…