A quel territorio desolado e inmenso que compró Estados Unidos al zar ruso Alexander II en 1867 es hoy la exuberante y opulenta, aunque en su mayor parte helada, Alaska. Desde su adquisición, aún tardaría más de una década tras el fin de la II Guerra Mundial en convertirse en un Estado oficial (el más extenso) con voz y voto en el Congreso. Los descubrimientos del oro a finales del XIX y del petróleo en los años 60 acabaron de colocarla en el mapa, hasta convertirse en uno de los lugares remotos más interesantes del mundo para los amantes de la naturaleza salvaje. Osos, lobos, linces, alces, caribúes, águilas, garzas azules, leones marinos, focas, orcas, nutrias marinas... y así, suma y sigue hasta completar más de cien especies de mamíferos…
