Desde el balcón de su despacho, bañado por la luz del sol, se ve el lago Lemán. Dentro, frente a una gigantesca foto colgada de un tiburón, hay una gran mesa de madera que le sirve de escritorio. Sobre ella, un ordenador, un diccionario, una taza de café de la policía de Nueva York, muchos apuntes a mano, varios volúmenes, una lupa antigua y una lámpara de estilo Art Déco. En el sillón, algunos dibujos de sus dos hijos pequeños. Recortes de periódicos internacionales y fotos con su maestro de vida, su editor Bernard de Fallois, adornan parte de las paredes. La otra mitad de la estancia la preside una biblioteca con cientos de libros. Estamos con Joël Dicker (Ginebra, 1985) en su editorial, Rosie & Wolfe. El escritor suizo…
