«Entra, bienvenida a mi casa», dice Ana Obregón (Madrid, 1955). Me recibe con una sonrisa que forma parte de su vitalidad, su delicadeza y su generosidad, del carácter de una mujer cuyo semblante nunca deja de transmitir esperanza. De camino a una zona contigua al salón, nos detenemos delante de una fotografía tamaño cuadro de su hijo, Aless -lo acompaña Luna, su perra-, que preside la pared de la entrada principal. «Hasta hace muy poco no podía mirarla. Fíjate en sus ojos: da igual donde te coloques, siempre te observan con ese brillo», asegura. Su guerrero, alegre y lleno de talento, capaz de conquistar los corazones de quienes lo conocieron y de iluminar su camino, falleció el 13 de mayo de 2020, después de dos años con cáncer, a los…
