Este archiadmirado arquitecto, diseñador por excelencia de lo teatral, fue uno de los renovadores de la gran bellezza, nostalgia y antigüedad mediante. Hizo las casas y palacios de las dinastías más poderosas del mundo: los Hearst, los Agnelli, los Rothschild y Jackie y su hermanísima Lee, entre otros, completan el palmarés. Nunca se achantó ante el pedigrí de sus clientes (decían que trabajar con él era un “acto de fe”), y es que si uno nace en un palacio barroco, con ese nombre, y lo aprende todo de un maestro como Gio Ponti, ya está destinado a hacer algo grandioso, aunque a los espacios que creaba los llamaba “pequeños lugares”. La especialidad de Mongiardino eran las casas con secretos: puertas falsas, juegos de perspectiva, trampantojos... Como en el altísimo techo…