FRENTE A LA “PESADILLA ROCOCÓ DORADA”, como llama la periodista Emily Keegin del NY Times al actual despacho Oval, el opuesto estilo mediterráneo tradicional, respetado y reinterpretado por siglos en las baleares, se vislumbra como esa opción disidente a la que todos podemos aspirar: el refugio de lo natural, de lo sereno, lo que te hace sentir bien, sin que haya que recurrir a materiales costosos ni ciertamente refulgentes.
TODOS LOS QUE VIVEN EN MALLORCA LO SABEN. Los oriundos, ni que decir tiene, pero también los que adoptaron la isla, un lugar prestado como propio, donde gozar de un estilo de vida relajado y disfrutón. Hay buenos ejemplos de ello, como Can Lis, la primera casa que Jorn Utzon (sí, el arquitecto de la Ópera de Sidney) realizó en Portopetro…