Solo que en tu versión mexicana, mi amada Cosmo, las mujeres nos convertimos en alebrijes (aunque tengamos otra nacionalidad). Esa combinación de varios animales –como leonas, tigresas, perras, dragones, zorras, mariposas, delfines, peces, gatas, cisnes y camaleones, por nombrarte algunos– que aunque, a veces, esta sociedad que justo se reinventa, los ha utilizado en nuestra contra, intentando denigrarnos a las mujeres llamándonos por sus nombres, ahora, que nos sabemos invencibles, lo tomamos como el más bello de los insultos, porque por fin entendimos que todo lo que venga de la naturaleza es fantástico y, a la vez, sagrado; no en vano aprendimos de ellos a pensar y a movernos solidarios, en manada.
Me parece mentira mirar atrás y reconocer que, gracias a ti, logré transformar mis miedos en gallardía, jamás…
