Sinceramente, todavía sigo sin entenderlo. Cuando me compré el coche, me cercioré de que su consumo no fuera demasiado alto. De hecho, su ficha técnica anunciaba un gasto medio de 3,8 litros a los 100 kilómetros, pero tras un año he sido incapaz de que el ordenador de a bordo baje de los 5,5 litros”. Suena duro, pero ese el sentimiento que desprendía uno de mis más allegados familiares cuando discutíamos, tranquilamente, sobre la realidad de los datos de consumo.
Una situación que, por desgracia, no sólo le afecta a él, sino que es extensible a todos los conductores que adquieren un vehículo nuevo y que, tras un tiempo de prueba, descubren que el dato registrado en sus coches no tiene nada que ver con el que el fabricante le…
