Así, los partidarios de una monarquía disentían acerca de quién debía ser coronado. Los debates se fueron haciendo cada vez más generales La Revolución inauguró una novedosa actividad política. No había partidos. Los grupos de ideas afines integraban sociedades como la Logia Lautaro, se reunían en algún café, o leían con fervor alguno de los muchos periódicos que aparecieron. En estas hojas nadie esperaba encontrar noticias o comentarios imparciales: buscaban artículos y editoriales llenos de pasión y sentidas arengas. Verdaderas tribunas políticas, los periódicos obraron como transmisores de los ideales revolucionarios: solían ser leídos en voz alta en los cafés, las plazas, las calles y hasta en los púlpitos de las iglesias, y no era extraño que la lectura provocara encendidas discusiones.
Los periódicos de la época y sus influencias…