Hace treinta años, el mercado de monoturbohélices estaba restringido, básicamente, a dos modelos, el entonces recién lanzado Socata TBM 700 y el utilitario Cessna Caravan, que había realizado su primer vuelo hacía diez años. En tanto, la suiza Pilatus trabajaba en el programa PC-12, ya en fase avanzada de desarrollo, con certificación prevista en 1994. Aun así, la empresa ofrecía desde hacía treinta años el PC-6, un avantajado monoturbohélice utilidad con capacidad de aterrizajes y despegues cortos (STOL, por su sigla en inglés) dirigido a un nicho muy específico de mercado.
Los aviones de negocios turbohélices seguían liderados por los bimotores, destacando el King Air, que reinaba absoluto, honrando su nombre. Pasadas tres décadas, la realidad cambió considerablemente, con los monoturbohélices ganando cada vez más espacio en el mercado, incluso…