En principio, Jackson y su mujer, Fran Welsh, ejercerían de productores ejecutivos. Uno de sus primeros fichajes prometía: el guionista Alex Garland, colaborador de Danny Boyle en cintas como 28 días después (2002). La premisa, la ya mostrada en los videojuegos: una guerra intergaláctica entre la raza humana y los covenants, alienígenas de profundas convicciones religiosas. Como ocurrió con la saga de los anillos, el rodaje tendría lugar en Nueva Zelanda, concretamente en su capital, Wellington. Mientras, los efectos especiales correrían a cargo de Weta, la empresa fundada por el propio Jackson. Ahora bien, ¿quién la dirigiría?
Por aquel entonces, Halo no solo seguía en boga, sino que Microsoft continuaba lanzando secuelas al mercado. Y los spots publicitarios, realizados con imágenes reales y actores de carne y hueso, suponían pequeñas…