Ya no es una apreciación subjetiva sino un hecho científicamente demostrado: al mexicano no le interesan los libros. Se hizo todo lo posible, que conste. Y aunque haya sido en vano, hay cierta dignidad en la derrota. Así pues, relajémonos, respiremos hondo, tomemos un descanso.
Las estadísticas avasallan. Demuestran con alevosía y ventaja, sin mostrar forma alguna de clemencia ni resquicio para el anhelado error metodológico, que a 99.99 por ciento de los mexicanos no les gusta leer. Es más, no sólo no les gusta leer; no les gustan los libros ni siquiera en calidad de cosa, ni para no leerlos ni para nada; vamos, ni para prótesis de la cama que se rompió una pata. Años de esfuerzo educativo, de aventar dinero a raudales en libros y bibliotecas, centros…
